Pablo Cervera, sacerdote y teólogo: «La Virgen vivió todo dolor humano en una intensidad y plenitud incomparables»

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Imagen de Nuestra Señora de los Dolores, en Salamanca, obra de Felipe Corral. Se conserva en la Capilla de la Iglesia de la Vera Cruz.

Editada por Magnificat (revista mensual en ocho idiomas que contiene los textos de la misa diaria, meditaciones de grandes autores espirituales de todos los tiempos y la oración de la mañana y de la tarde inspiradas en la liturgia de las Horas), acaba de publicarse Los Siete Dolores de la Virgen María, del padre dominico Romanus Cessario, O.P., director de la edición en lengua inglesa.

El libro puede adquirirse en la página web de la revista Magnificat (es.magnificat.net)

Se trata de una obra de 92 páginas bellísimamente ilustrada con cuadros de Giotto di Bondone (1267-1337) y de su discípulo Pietro Lorenzetti (1280-1348), que presentan ricas meditaciones sobre uno de los más insondables misterios de la Redención: el dolor de la Madre de Dios, la mujer que vivió la felicidad incomensurable de llevar dentro de sí a Cristo y convivir con él física y espiritualmente durante toda Su vida terrena.

Sobre ello nos ilustra el sacerdote y teólogo Pablo Cervera, director de la edición española de Magnificat y traductor de Los Siete Dolores de la Virgen María.

Pablo Cervera es el director de la edición española del mensual Magnificat.

-¿Cuál es el origen la devoción de los Siete Dolores?

-En realidad, se puede decir que el origen está en los mismos evangelios, como no podía ser de otra manera, ya sea porque cada Dolor de la Virgen se encuentra recogido en ellos, ya porque San Juan, al pie de la cruz, es el primer «devoto» de la Virgen dolorosa. De hecho, la Madre dolorosa es encomendada por Cristo a su cuidado y San Juan «la acogió como algo propio» (Jn 19,27). Puntualicemos que la palabra «devoción», hoy denostada como si fuera algo accidental, arbitrario o incluso trasnochado, en latín tiene un rico contenido semántico de entrega, dedicación, consagración…

 

-¿Cómo llegó hasta nuestros días?

-Fue en el siglo XIII cuando realmente floreció, se «sistematizó» y se extendió. Los siete santos fundadores servitas, devotos de nuestra Señora, recibieron de la Virgen el Viernes Santo de 1239, el deseo de que fundaran una Orden que practicara y difundiera esta Devoción.

 

¿En qué consiste? 

-Esta forma de devoción mariana hace que el cristiano se asocie y viva con María los momentos que ella pasó de dolor en su existencia. Nada de lo humano le es ajeno a la Virgen, tampoco el dolor.

Los Siete Dolores de Nuestra Señora son:

  1. La profecía del anciano Simeón (le anuncia que una espada le traspasará el alma: Lc 2, 34-35) )
  1. La huida a Egipto (María tuvo que emigrar por la amenaza de Herodes: Mt 2,13)
  1. El Niño Jesús perdido (María vive un «infierno» con la pérdida de su hijo adolescente que se había quedado en el Templo entre los doctores: Lc 2,48; cf. Cant 3,3)
  1. El encuentro de María con Jesús en el camino al Calvario (María no dejó a su Hijo en el momento del dolor y aunque la escena no es referida en los evangelios no hay duda de que ella estuvo a su lado camino del Calvario, ya que estuvo al pie de la cruz).
  1. La Crucifixión y muerte de Jesús (María esta al pie de la Cruz con el discípulo amado y otras mujeres: Jn 19, 25)
  1. La lanzada que traspasó el Corazón de Jesús y su descendimiento de la cruz (María contempló la lanzada del soldado sobre el cuerpo de Cristo: Jn 19,34)
  1. La sepultura de Jesús (a petición de José de Arimatea, Pilato concedió que Cristo fuera sepultado en una tumba nueva y María tuvo que estar allí en las tareas de embalsamamiento y sepultura: Jn 19,38).

 

-Esta devoción ¿tiene asociada alguna indulgencia?

-La Iglesia siempre ha concedido indulgencias a esta práctica, a lo largo de los siglos, y también hoy al rezo del Rosario de los Siete Dolores de la Virgen se le concede indulgencia parcial.

 

-¿Tiene una significación cuaresmal propia?

-En la medida en que la Cuaresma nos prepara a la Pasión podemos responder afirmativamente. Aunque el centro es Cristo, María está asociada a la pasión de Cristo y, en ese sentido, María vive la Cuaresma, que no es sólo conversión del pecado (ella no lo tiene), sino sobre todo adhesión y seguimiento de Cristo redentor en la Cruz. Los dolores de María (especialmente los vinculados a la Pasión) nos ayudan a unirnos más a Cristo.

 

-¿Tiene el número 7, también en este caso, una significación?

-Efectivamente, el número 7 es expresión de plenitud en la Biblia y adecuar los dolores de María a este número implica que ella vivió todo dolor humano y en una intensidad y plenitud incomparables.

 

-¿Hay una vinculación entre los dolores de la Virgen y la corredención, o ésta está vinculada exclusivamente al “fiat” de la Anunciación?

-En absoluto. El «fiat» fue el inicio por el que María es asociada al misterio de su Hijo. La fidelidad de su «sí», comenzado en la Anunciación, llega a su culmen en la Pasión. Por eso María es llamada en el Concilio Vaticano II «socia del Redentor», asociada. No se habló de corredención porque teológicamente es un tema discutido. María no está, evidentemente, a la misma altura de Cristo en el misterio redentor (co-redentora podría dar pie a entender que sí lo está) aunque haya sido asociada por Dios a él como alguien esencial.

 

-Contemplando estos dolores surge una pregunta: ¿fue feliz la Virgen María?

-María disfrutó de un gozo pleno por su maternidad divina que no excluye el dolor, al que también fue asociada. El malentendido para el mundo de hoy es que confunde felicidad con placer, que son cosas distintas. Hay felicidad también cuando se sufre. Esto no quiere decir que el cristianismo sea un masoquismo. La felicidad está en la entrega, la felicidad es «el resultado de dar lo mejor de uno mismo», como decía Viktor Frankl: resultado, no fabricación ni compra… La felicidad de María radicó en su total adhesión y cercanía a su Hijo, Dios y hombre verdadero.

El padre Romanus Cessario, O.P.

¿Puede presentarnos al autor de este libro?

El padre Romanus Cessario, O.P. es un dominico norteamericano, teólogo y profesor de teología sistemática en el Seminario Saint John de Boston. Además es miembro de la Pontificia Academia de Santo Tomás. Es subdirector del mensual Magnificat en lengua inglesa para los Estados Unidos (hay otra edición británica), y presidente de la Fundación Magnificat en Estados Unidos.

La capilla de los Scrovegni en Padua, obra de Giotto.

-¿Qué valor especial aportan los frescos de Giotto y Lorenzetti escogidos para embellecer esta obra?

-Giotto y Lorenzetti representan una revolución pictórica en Italia al introducir las figuras etéreas del arte bizantino en ambientes de ciudades, tierra y aire, etc. La Capilla Scrovegni (Padua) conserva un ciclo de frescos de Giotto que es considerado como una de las cumbres del arte occidental. Son varias bandas con recuadros sucesivos que relatan diversos ciclos bíblicos. En cuanto a Lorenzetti, discípulo de Giottto, realizó su obra maestra entre 1326-1329 decorando la iglesia inferior de la Basílica de San Francisco de Asís. Las figuras en estas escenas muestran interacciones emocionales geométricas frente a muchas escenografías anteriores que parecían aglomeraciones independientes.

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